La operación fue programada para el día lunes 14 de septiembre, el día jueves me realizaron dos transfusiones de sangre, ya que los antibióticos que me habían aplicado me dejaron muy mal. El día viernes antes de la operación era el cumpleaños de mi madre…no pude desearle Feliz Cumpleaños; como desearle a una madre un feliz día sabiendo que en 3 días operaban a su hijo, y sin mayores espectativas de vida…realmente no pude hacerlo.

Durante esa semana, me visitaron varias personas amputadas, tratando de contar su experiencia, todos ellos dirigidos por un sacerdote, el cuál recuerdo me decía que tenía que prepararme para entrar al mundo de los amputados, que era algo muy distinto al mundo normal, y otras cosas que compartían con dichas personas… pero honestamente lejos estaban de poder ayudarme en lo que yo sentía y pensaba.

Todos esos días previos a la operación, oré mucho a Dios, gracias a la formación cristiana que recibí durante varios años, recuerdo que mi oración nunca fue pensando en la muerte, creo que ese fue un pensamiento que Dios no permitió que tuviera, sino me enfocaba en pedirle que me fortaleciera y me ayudara a sobrellevar lo que se venía sobre mi vida, mi mayor miedo era ser vencido espiritualmente y arrastrado por no ser normal físicamente, convertirme en una persona negativa y sin deseos de vivir.

El día sábado 12, llegó a visitarme el Hermano Pastor de la Iglesia, Angel Arturo Sulecio Mendoza, estuvo conmigo hablando de cómo me sentía, y me leyó lo siguiente de la Biblia, San Juan capítulo 13, versículos 1 al 7, enfocándose principalmente en la parte “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; más lo entenderás después”, luego de esto oró por mi, ya para éste día yo sentía algo en mi interior que no puedo explicar con palabras, lo llamaré Fortaleza, Dios había escuchado mi oración y empezó a fortalecerme y a consolarme internamente.

El día domingo me visitaron varios familiares y amigos, estuve conversando con ellos, pero al final de la tarde tenían que retirarse, nuevamente fue difícil la separación, aún más sabiendo lo que me esperaba el siguiente día. Esa noche me dieron una pastilla para dormir, ya que definitivamente no iba a ser nada fácil conciliar el sueño, luego de orar con toda mi alma, y derramar muchas lagrimas, alrededor de las 10 de la noche, pude dormir, la noche la sentí cortísima, ya que a las 6 de la mañana me llegaron a despertar para trasladarme a la sala de operaciones, me dieron otros medicamentos y me llevaron al quirófano. Al llegar, tuve que esperar unos minutos para ingresar, en una pizarra, estaba mi nombre, con el tipo de operación que me harían, “Amputación 1/3 1/2 miembro inferior derecho” a cargo del Dr. Juan Paiz Rodríguez.

Al ingresar a la sala de operaciones, no pensaba en nada mas, que en orar a Dios pidiéndole fortaleza, me cambiaron a la camilla de la sala de operaciones y solo recuerdo haber extendido mi brazo derecho, para que me canalizaran con suero, después de esto, quede totalmente inconciente, no recuerdo nada, hasta las 16:10, cuando desperté en la sala de recuperación de la unidad de hombres, recuerdo muy bien la hora, ya que enfrente de mi cama, estaba un reloj grande de color blanco y números y agujas de color negro.

Recuerdo haber despertado con una sensación que hacía meses no sentía, era casi increíble, no sentía ningún dolor, había desaparecido, como si nunca hubiera existido, también pensé, que no me habían realizado la amputación, en mi mente estaba la idea que el doctor había salvado mi extremidad inferior y que solo habían extraído el tumor.

Como a las 17:00 hrs. llegaron mis padres a verme, recuerdo muy bien sus rostros, mi padre me preguntó cómo me sentía, y mi respuesta fué “Bien, no siento dolor”, te ví al subir de la sala de operaciones, y tu rostro no era el mismo, fueron sus palabras. Estuvimos conversando un momento, recuerdo que en ningún momento se mencionó operación, solo hablabamos de cómo el dolor había desaparecido.

Esa noche se quedó conmigo una enfermera, para cuidarme por cualquier inconveniente que surgiera, estuve dormido hasta las 23:00 hrs. luego de esto me quedé conversando con la enfermera, ahí pude darme cuenta que muchas veces nos encerramos en nuestros problemas y creemos que sólo nosotros padecemos o adolecemos algo, pero la realidad no es así, dicha enfermera me empezó a contar, que su esposo estaba preso en una cárcel, injustamente, y ella tenía 7 meses de embarazo, y tenía un niño de 3 años en casa, pero obviamente no podía desmayar, ya que tenía que conseguir los medios económicos para poder sacar a su esposo de la cárcel. Aproximadamente a las 3:00 hrs. de la madrugada pude dormir.

Por la mañana llegaron varios doctores a verme, hasta ese momento me quitaron la sabana que me cubría, y entonces pude ver la realidad de mi cuerpo, la operación sí se había realizado, mi pierna ya no estaba. Los doctores dieron muy buenos comentarios de mi situación, únicamente quedaba esperar cómo reaccionaría mi cuerpo a todo esto.

Por la tarde llegaron varios familiares y compañeros de estudio, recuerdo que mi padre me preguntó si quería verlos y hablar con ellos, en ese momento no entendí el porque de la pregunta, mi respuesta fue afirmativa y estuve hablando y bromeando con ellos. Antes de irse mis padres, le pregunté porque pensaba que no quería tener ninguna visita, y allí me dijo que él pensaba que iba a estar tan mal anímicamente que no quería ver a nadie, pero era todo lo contrario.

Después de ellos retirarse, y quedarme solo, oré a Dios dándole las gracias por la obra que Él había empezado en mi ser externo e interno, ya que me sentía con mucha paz y tranquilidad, luego de sufrir tanto dolor durante tantos meses, no hubo medicina que me aliviara el dolor, y lo peor, no hubo medicina que me diera paz, únicamente Dios lo pudo hacer.