Durante los primeros días siguientes a mi operación empece a afrontar mi nueva realidad, tendrí­a que adaptarme a mi nuevo estado fí­sico, a la forma en que las personas me verí­an, las actividades cotidianas serían muy diferentes y tendrí­a que aprender nuevamente a realizarlas… de otra forma.

Para el día viernes 18 de septiembre me dieron de alta en el hospital, salí a las 10:30 de la mañana en una silla de ruedas del hospital, para éste momento aún no había utilizado las muletas. Durante el camino a mi casa, veía algo diferente, sentía algo diferente, comparado con lo que sentía anteriormente al ir por la calle camino a mi casa o camino al hospital, anteriormente veía todo gris, imagino que el dolor no me dejaba ver, ni sentir algo agradable, pero ese día el viaje fue placentero. Al llegar a mi casa, intenté caminar con un par de muletas que me habían regalado, fue imposible, nuestros cuerpos mantienen el equilibrio con el peso que ejercen nuestras piernas, y así crean un balance, al no tener el peso adecuado del lado derecho, sentía que mi cuerpo se abalanzaba hacia el lado izquierdo, después de unos minutos lo volví a intentar, y pude empezar a dar mis primeros pasos, avanzaba aproximadamente unos 5 centímetros en cada paso que daba, la inseguridad y el miedo de caerme me dominaban, así estuve aproximadamente 30 minutos. Era muy frustrante saber que, de ese momento en adelante, las muletas iban a ser mi único medio de movilidad y que no lo podía dominar, luego de unos minutos más gracias a Dios y con la práctica fui adquiriendo confianza, y empecé a dar mis primeros pasos con más seguridad, era algo distinto, tenía que educar a mi cerebro para que coordinara mis pasos con las muletas, ya que al final se convertirían en una extensión de mi nuevo cuerpo físico.

Los siguientes días fueron de aprendizaje, todas las actividades cotidianas que anteriormente eran tan sencillas y sin importancia, ahora tenían que ser planificadas y muy bien planificadas, sino el resultado podría ser muy doloroso o vergonzoso, desde pensar que al levantarme de cualquier silla o de mi cama, las muletas me debían acompañar, hasta saber que cualquier situación que requiriera movilizarme de un lugar a otro, por corto que fuera, no podría realizarlo sin mis muletas, Dios Bendiga a la persona que las inventó. Recuerdo que se me dificultaba mucho subir gradas, ya que primero colocaba las muletas en la grada siguiente y luego abalanzaba mi cuerpo para poder subir, que equivocado estaba, la forma correcta es, subir primero el cuerpo y luego las muletas, no se si exista algún método escrito al respecto, la utilización correcta de las muletas es básico para una mejor adaptación y una buena recuperación para realizar nuestras actividades cotidianas, asimismo permite ir adquiriendo nuevamente el sentido de autonomía e independencia al caminar, obviamente no de la forma natural, pero sí de la forma que se adecua a nuestra realidad.

Por otra lado, empezaron las molestias del miembro fantasma, días antes a la operación me hablaron al respecto, en ese momento no lo entendí y sinceramente creo que era una situación que no me preocupaba hasta esos días, mis dolencias fantasmas fueron muy fuertes, y en ocasiones muy dolorosas y extensas. Recuerdo haber estado sentado en una cama cuando me visitaban, y sentir la sensación de picazón en mi miembro fantasma, e instintivamente mi reacción fue acercar mi mano al lugar, pero mi mano no encontraba nada mas que mi cama, era muy confuso, como decirle a mi cerebro que el miembro inferior derecho ya no estaba, como re-programarlo para evitar esa sensación. Según el link que les comparto de éste tema, la situación se da por muchas variables asociadas al cerebro, a los nervios, a la piel, en algunos casos hasta por situaciones psicológicas, pero honestamente creo que se les olvidó una parte importante, somos seres humanos, somos cuerpo, alma y espíritu, y éstos tres son uno, considero que éste es un tema muy, muy profundo y probablemente incomprensible para nuestra mente humana.

Asimismo conforme pasaban los días iba experimentando como las personas me veían, en la mayoría de casos sentía que les daba lastima, creo que no es muy común ver personas sin algún miembro, ya que notaba como me observaban de pie a cabeza.

También vi otra realidad, todos los días me levantaría con el pie izquierdo… es increíble como el refrán “Hoy me levante con el pie izquierdo” es tan famoso, ingrese ésta frase en un buscador de internet y me dio 558,000 links encontrados como resultado, a continuación les escribo algunas de las situaciones a las que se aplica este refrán:

  • Porque no había agua para bañarme.

  • Porque me desperté tarde.

  • Porque estoy de mal humor.

  • Porque veo el día gris o nublado.

  • Porque todo se complica o se pone difícil.

  • Porque no es mi día.

  • Porque no tengo conexión a internet, etc. etc. etc.

Todas estas situaciones y varios miles más de complicaciones se aplican a éste refrán. Si se dan cuenta, todo ésta enfocado en la parte negativa de nuestro diario vivir, en mí caso no es así, para mí es una realidad distinta, Dios me dejó mi pie izquierdo, cuan diferente sería mi realidad si no tuviese ambos pies.

Con todo esto que observaba y sentía, mi ánimo empezaba a decaer, me dediqué tanto a tratar de adecuar mi vida y mis actividades con mi nuevo cuerpo, que olvidé por un momento lo que Dios había hecho en mi, recuerdo una noche de finales del mes de septiembre, se me dificultaba conciliar el sueño, y pensaba mucho en lo que había pedido a Dios, y evalué cómo Dios lo había estado haciendo, y lo seguía haciendo, pero por pensar y tratar de racionalizar mis pensamientos, estaba cediendo a lo negativo en mi mente y en mi ser, oré mucho a Dios, y gracias a Dios todo eso paso.

Hoy muchos años después aún sigo observando miradas despectivas de las personas, aún sigo levantándome todos los días con el pie izquierdo, pero nada de eso a afectado mi ánimo, Gracias Dios por fortalecerme todos los días…

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